
La Feria Provincial de Artesanías de Córdoba lleva su nombre: Alcira López, la reconocida artesana que tenía la inmensa habilidad para elaborar objetos desde las entrañas de las Sierras de Córdoba. Es considerada La Madre de la Cerámica. Transcribo aquí parte de una entrevista que me concedió a la edad de 86 años, publicada en Revista Sophía Luz Editora S.A.
Su simpleza, la historia y su experiencia de vida me atrapó. Alcira no fue a la escuela pero sabía leer. Tenía la sonrisa fresca como el agua de su arroyo del Valle de Traslasierra. Se casó con Jesús López cuando tenía 17 años. Los primeros años fueron muy duros. La situación de pobreza era real y las necesidades se volvieron enormes y urgentes. «La pobreza hace a la habilidad, si yo hubiera tenido plata no hubiera comenzado con la cerámica», me dijo claramente. Llegaron los hijos, tuvo quince. La vida la obligó a valerse por sí misma desde casa y empezó a diseñar sus propios utensillos de cocina. La arcilla era su materia prima. “Hacer la primera olla me costó una barbaridad, pero fui mejorando…había que ganarse el pan. Yo hacía desde el brasero, las cacerolas, los platos, tazas, jarras, cántaros y macetas…”, me confesó. Con instinto de madre se había propuesto sacar a sus hijos de la pobreza y canjear cerámica por ropa y alimentos. La alfarería ( alfaharería ), como arte de elaborar objetos, le permitió a Alcira de López no sólo la posibilidad de diseñar toda clase de enseres domésticos, sino que le enseñó el placer de la creación en contacto con la tierra. «Mi esposo fue muy compañero, me ayudaba mucho, hacía todo el proceso de la tierra, me traía la arcilla de un barranco que quedaba a dos kilómetros de la casa mientras los más chiquitos se ocupaban de moldear los adornos hasta que comenzaron a ir a la escuela», recordó sentada en su lugar preferido, la mesa de trabajo.

Detallista e ingeniosa, comenzó a vender sus productos a los turistas a la vera de la ruta. La educación de sus hijos se había vuelto una obligación. Cumplir a diario era difícil por las largas distancias. Tenían que subir unos cerros caminando entre el frío y la escarcha hasta llegar a Río Hondo. Con el tiempo pudieron comprar un sulky. Los chicos crecieron, llegaron los nietos y los bisnietos. En ese momento toda la familia se mudó a Villa Carlos Paz. Los menores iban a la escuela, los más grandes ayudaban con la producción de cerámicas. Así, siempre en familia, comenzaron a participar de exposiciones tradicionales en otras ciudades y regiones del país.
“Más que técnica se necesita la habilidad”
Todas las piezas cerámicas pasan por varias fases durante su elaboración: preparación del barro, modelado, secado, primera cocción u horneado ( alfarería tradicional ) y cocciones de aplicación de técnicas cerámicas. “Más que técnica se necesita la habilidad”, así supo explicarme esta mujer de gesto cálido y naturalmente alegre.
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Releyendo estas historias y con una mirada retrospectiva, hoy estoy convencida de que la tierra les delineó un camino y sus propios destinos. Me queda la sensación de que no fueron ellos quienes modelaron la arcilla, sino –al contrario- fue la tierra misma la que esculpió sus vidas al punto de convertirlos en alfareros de naturaleza, alma y corazón.
Cuando de turista visites los caminos de Córdoba, quizás recuerdes estos relatos y, a la hora de buscar un souvenir, prefieras algún objeto que lleva en sus entrañas la naturaleza más pura y fresca del interior provincial: la noble y dócil arcilla, modelada con la pasión de los ingeniosos artistas locales.

La Feria Provincial de Artesanías Alcira López la recuerda y homenajea cada año en el Centro Cultural Córdoba (Av. Poeta Lugones 401). Asisten más de 60 artesanos de toda la provincia. Platería criolla y salteña, cuchillos, soguería, marroquinería, textil, juguetes de madera, indumentaria, almohadones, alfombras, fieltro, cerámica, velas, telar, cestería y encuadernación con algunas de los oficios y artesanías que están presentes en la feria. Allí, todos los días se proyecta el documental Ceramiqueros de Tras La Sierra filmado en el año 1965, codirigido por Ana Montes de González y Raymundo Gleyzer y patrocinado por la Escuela de Arte de la Universidad Nacional de Córdoba. El documental está compuesto por testimonios de alfareros entrevistados que habitaron en Traslasierra (Mina Clavero) incluido el de Alcira López quien es considerada la madre de la cerámica.
Alfarería, del árabe «fahhar» ( barro )
La palabra alfarería proviene del árabe “fahhar”( barro ) y ésta, a su vez, del hebreo “hhafar” ( tierra ). Los primeros objetos de alfarería se remontan al período Paleolítico Superior y se trata de pequeñas representaciones de divinidades maternales y de culto a la fertilidad como la llamada Venus de Dolni Véstonice, que data de 29 000 – 25 000 antes de Cristo.Una de las piezas más antigua que se conoce es una vasija del período Jomon de la época de la prehistoria del Japón ( 10 000 a. C. / 8000 a. C. ), pieza que actualmente se expone en el Museo Nacional de Tokio. Los artesanos precursores y especializados aparecieron en la región de la Mesopotamia, quienes inventaron las herramientas para trabajar mejor la arcilla, como el torno y el horno para cocerla hacia el 3400 a. C. En Grecia empezó a decorarse las piezas con motivos geométricos, que eran los detalles más habituales junto con reproducciones de plantas y escenas cotidianas, que se hacían imitando el arte de la escultura. En la antigüedad americana la mayoría de sus pueblos eran agrícolas y, por tanto, sedentarios, lo que hizo que se produjeran grandes cantidades de utensilios domésticos para su uso culinario o de almacenaje. Aunque se utilizaron distintas arcillas según el territorio donde se fabricaban, el horno abierto era el único conocido en toda el territorio indígena. La técnica de la realización era, en general, a mano, sin ayuda de torno, y se utilizó el molde según la época y la cultura. El modelado a mano era una técnica utilizada por los pueblos primitivos.
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