Estamos en pleno corazón de un Buenos Aires otoñal. La llovizna le imprime una rara bohemia a las calles, una eterna melancolía porteña que nos invita a caminar en pocas cuadras céntricas algunos de los infinitos sitios notables, patrimonio cuyas arquitecturas memoriosas fueron inspiración de grandes escritores, siempre vigentes.
Decidimos tomar un café en la esquina de Av. de Mayo y Perú, un bar declarado Patrimonio de la Ciudad y que resiste como tal desde 1954. Es la planta baja de la antigua tienda Gath & Chaves ( fundada en 1883 por Lorenzo Chaves y Alfredo Gath, pasó luego a manos inglesas siendo una de las más concurridas, de corte y perfil extranjero para un país que se estaba formando ).

Hoy es la Confitería London City, uno de los escenarios gastronómicos predilectos de Julio Cortázar ( 1914-1984 ). El autor de Rayuela ( 1963 ) , Bestiario ( 1951 ) y tantos otros éxitos. Aquí, Cortázar inició la trama de su primera novela, Los Premios ( 1960 ), un viaje donde los personajes sólo navegan en la búsqueda de respuestas…y misterios, con toda la impronta de uno de los predilectos del Boom Latinoamericano.

«—La marquesa salió a las cinco —pensó Carlos López—. ¿Dónde diablos he leído eso?»
Era en el London de Perú y Avenida; eran las cinco y diez. ¿La marquesa salió a las cinco? López movió la cabeza para desechar el recuerdo incompleto, y probó su Quilmes Cristal. No estaba bastante fría.
—Cuando a uno lo sacan de sus hábitos es como el pescado fuera del agua —dijo el doctor Restelli, mirando su vaso—. Estoy muy acostumbrado al mate dulce de las cuatro, sabe. Fíjese en esa dama que sale del subte, no sé si la alcanzará a ver, hay tantos transeúntes. Ahí va, me refiero a la rubia. ¿Encontraremos viajeras tan rubias y livianas en nuestro amable crucero?
—Dudoso —dijo López—. Las mujeres más lindas viajan siempre en otro barco, es fatal…»

Este bar tan ilustre se trataba de un refugio de poetas, artistas, políticos y periodistas que entraban y salían del vecino edificio del Diario La Prensa, considerado uno de los diez periódicos más importantes del mundo e influyentes en este territorio en ese siglo. Fue fundado en 1869 con línea editorial conservadora por José C. Paz, un rico estanciero y político argentino, de la generación del ´80 cuya casa, el Palacio Paz ( que fuimos también a visitar ), fue la residencia privada más lujosa del país en esas décadas. El Palacio es hoy Monumento Histórico y Artístico Nacional por mobiliario, objetos de arte y ornamentación, una muestra de la vida de élite que tenía fascinación por el lujo francés y europeo a principio de siglo XIX.


Nuestro itinerario por el microcentro de la ciudad capital argentina marca además el paso por la Galería Güemes, un pasaje imperdible que une calle Florida con San Martín. Se inauguró en 1915 y su nombre propuesto por sus constructores salteños, recuerda al General Martín Miguel de Güemes, héroe de la Guerra de la Independencia Argentina y conductor de la llamada Guerra Gaucha. Lo llaman un tesoro de época por su estilo arquitectónico Art Nouveau y es considerado el primer rascacielos de Buenos Aires. Es pura elegancia con detalles de bronce y hierro, ascensores de avanzada para la época, una impresionante cúpula y un mirador en el piso 14 a 87 mts de altura, ¡espectacular! Fue declarado Edificio Representativo y de Patrimonio de Buenos Aires no sólo por ser una de las obras más representativas de la Ciudad de Buenos Aires, sino por los personajes que por ella deambularon, que le imprimieron su carácter e identidad. Desde Carlos Gardel ( se presentó allí en 1917 ), a Julio Cortázar, quien también la inmortalizó en su cuento El otro cielo, publicado en el libro Todos los fuegos, el fuego, de 1966.

“Hacia el año veintiocho, el Pasaje Güemes era la caverna del tesoro en que deliciosamente se mezclaban la entrevisión del pecado y las pastillas de menta, donde se voceaban las ediciones vespertinas con crímenes a toda página y ardían las luces de la sala del subsuelo donde pasaban inalcanzables películas realistas”.
El protagonista del cuento, a través de la Galería Güemes, llega a París. Es la vida de un hombre atrapado entre dos realidades: la Buenos Aires de los años 40 y una fantasía recurrente ambientada en el París de finales del siglo XIX. A través de este contraste entre lo real y lo imaginario, el protagonista busca escapar de la monotonía, pero descubre que ambos mundos están llenos de frustración y peligro. Ambos mundos con galerías donde la evasión de la realidad se narraba en un cuento.
Dos continentes, dos ciudades, dos vidas. Lo real y lo imaginado y una galería de pura ensoñación en una Argentina que se poblaba de inmigrantes -de todas las clases sociales- quienes vivían con un corazón repartido y nostálgico entre dos mundos.


Y como el edificio no pasaba desapercibido, ha sido motivo de atención constante de otros escritores, por ejemplo, el autor de El Principito, el francés Saint Exupery, se alojó durante 18 meses ( entre 1929 y 1931 ) en el sector residencial de este edificio ( 6º piso depto 605 ). Aquí escribió su libro El vuelo nocturno, novela publicada en 1930. Narra la epopeya de los pioneros de la aviación.
«Y el piloto Fabien que, del extremo Sur, conducía a Buenos Aires el correo
de Patagonia, conocía la proximidad de la noche por las mismas señales que
las aguas de un puerto: por ese sosiego, por esas ligeras arrugas que dibujaban
apenas los tranquilos celajes. Penetraba en una rada, inmensa y feliz».
Otro gran escritor; Roberto Arlt, un flaneur crítico de la modernidad, escribió en 1928 sobre el Pasaje Güemes en su Aguafuertes Porteñas, ( artículos literarios escritos y publicados periódicamente entre 1928 y 1933 en la prensa de Buenos ):
«…he entrado al pasaje…Más bien le quedara un nombre que sonara a pacifismo y plata”, …“estaría más a tono con el rastacuerismo de sus vitrinas”. “Yo estoy seguro de que si los propietarios recogen mis indicaciones el espíritu del General Güemes se va a regocijar. Él era demasiado hombre de bien para patrocinar semejantes belenes y babeles”… “se repira ahí una atmósfera neoyorkina; es la Babel de Yanquilandia trasplantada a la tierra criolla e imponiendo el prestigio de sus bares automáticos, de sus zapatos amarillos, de las victrolas ortofónicas, de los letreros de siete colores y de las dirigiéndose a los teatros con números de variedades que ocupan los sótanos y las alturas…»
Y en este simbólico muestrario del Patrimonio de la Ciudad de Buenos Aires, el Ateneo Grand Splendid no podía estar ausente. Se trata de la librería más grande de Sudamérica, fue elegida por el diario británico The Guardian como la segunda mejor librería del mundo, y la revista estadounidense National Geographic la destacó como la más linda. Y creo que no se equivocan.


Aquí funcionó hasta 1917 el Teatro Nacional Norte. Luego se construyó el cine-teatro Grand Splendid ( 1919 ). Fue el escenario de grandes conciertos, ballet, ópera y obras de teatro. Se exhibió por primera vez en este espacio la película sonora The Divine Lady (1929). También funcionó el sello Nacional Odeón en el que, en 1920, empezó su carrera Carlos Gardel. La sala de grabación aún existe. Alojó a la sede de Radio Splendid, que comenzó a transmitir el 23 de mayo de 1923 y que fue la primera emisora en la que cantó el mítico “Zorzal del Abasto”. La librería fue inaugurada el 4 de diciembre de 2000, en todo el edificio se respira arte y recuerda el esplendor de principios de siglo XX. Sus barandas son originales, la decoración está intacta y su imponente cúpula con frescos mide 20 metros de diámetro. El motivo elegido para el “cielo” del lugar es una representación de la paz, algo muy significativo ya que fue realizada por Nazareno Orlandi en 1919, justo el mismo año en el que había terminado la Primera Guerra Mundial.

Se podría decir que todos estos sitios representan sólo una breve pincelada, en algunas calles céntricas, del capital arquitectónico e histórico de la capital de los argentinos, desde donde se delinearon y escribieron los grandes acontecimientos de la historia nacional y se proyectó una identidad ecléctica, con mirada marcada hacia las grandes capitales europeas. Una nación que se iba conformando como un mosaico multicolor, multiracial, receptora y propulsora de la llegada de nuevas culturas, tradiciones, idiomas y legados que quisieran habitar en este desafiante territorio del sur de América.



















