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La Casa Histórica, Museo Nacional

La Independencia, para asegurar la libertad

Estamos en la Casa Histórica de Tucumán, tal como la llamamos -con amor- todos los argentinos. Es una típica postal de los tiempos de la colonia, una casona construida en 1760. Ahora, es muy blanca por fuera, con sus ingresos y ventanas en un claro azul. Sobrevive esplendorosa sobre calle Congreso 141, en pleno centro histórico de la ciudad de San Miguel de Tucumán.

El paseo amerita una visita en familia, porque contagia patriotismo. El recorrido puede ser autoguiado o en compañía de una experta de la casa-museo que originalmente –explican-  le pertenecía a una importante familia local, la de Francisca Bazán, esposa de Miguel Laguna.

En ese entonces  tenía varias habitaciones, el oratorio, patios que las conectaban y su único ornamento eran unas columnas salomónicas ubicadas a los costados de la puerta principal, así, igualita a nuestros dibujos de la infancia escolar, la que pintábamos en nuestros cuadernos y libros de la primaria, en los actos festivos, las maestras leyendo la Declaración y la vestimenta de época, con las figuritas ilustrativas de los trajes y galeras de Narciso Francisco de Laprida o  Juan José Paso. Es tal cual.

De fondo, pasa un grupo de peques, alumnos de guardapolvos blancos:

–Seño, ¿Qué es la Independencia?

–Que dejamos de ser colonia…

–En la colonia no había luz –agrega un compañerito- se prendían faroles.

Son voces de la “casita» de Tucumán, la Casa Histórica, la Cuna de la Independencia y no es para nada pequeña. Consta de varios salones, recibe doscientos mil visitantes por año, con visitas guiadas, escolares y un espectáculo de “Luces y Sonidos de la Independencia” que transporta al siglo XVIII y XIX.

Hay una foto que ayuda a recrear esa imagen, es del fotógrafo Ángel Paganelli que al parecer en 1869 visitaba la ciudad de San Miguel de Tucumán y registró, a pedido de un grupo de vecinos, el deterioro del edificio con el objeto de llamar la atención de las autoridades en pos de la conservación. En 1904, el gobierno la restauró, sin embargo, debido a que estaba por entonces en un pésimo estado, tuvo que demoler gran parte de la vieja casa.

Pero se salvó el gran salón, el que te pone la piel de gallina, el de la Jura de la Independencia, donde fácilmente la memoria colectiva reconstruye aquel momento histórico, sublime y soberano, si los hay. Es por supuesto, es el salón estrella de la casona porque además, allí se conserva todo en estado original. ¡Aquí es el lugar de la foto! Es el punto de máxima conexión con la historia nacional.

Nos apuntan que durante la reconstrucción se intentó ajustar al máximo todo al edificio original, utilizando, incluso, el mismo tipo de ladrillos, tejas y baldosas. En 1941 fue declarada Monumento Histórico, donde cada 9 de Julio se revive aquella tremenda voluntad de emancipación.

En su interior, hoy es un museo accesible para todos: es fácil recorrerla, cuentan con sillas de ruedas, el ingreso con perros guías, transcripciones en Braille con el contenido de las distintas salas y del Acta de la Declaración de la Independencia, rampas móviles para los umbrales de acceso y rampas recubiertas con goma antideslizante, aptas para sillas de ruedas. Se siente que es la casa de todos, repleta de recursos educativos, especialmente.

https://casadelaindependencia.cultura.gob.ar/info/recursos/

Sigue teniendo aire e impronta colonial aunque intervenida por la tecnología y las artes: paneles informativos, audios, teatro, puestas musicales, recursos web que amplifican la experiencia en la visita presencial.

El museo tiene cuatro patios, un aljibe y árboles autóctonos de la región, especialmente el naranjo agrio, cuyos frutos abundan sobremanera, caídos en las aceras de toda la ciudad, tal vez como metáfora de lo generosa que suele ser esta tierra.

En el patio trasero, también el arte irrumpe con toda su magnitud, con los relieves de la artista tucumana Lola Mora (1867-1936), son parte de la colección de tesoros que se encuentran en la casa. Así, el Acta de la Declaración de la Independencia también es una parte fundamental del patrimonio que se completa con escultura, mobiliario, armamento, objetos de uso personal, vajilla, ornamentos, objetos de culto católico, pinturas religiosas, retratos, monedas, placas y medallas conmemorativas de los siglos XVIII y XIX.

Su biblioteca está dotada de textos clásicos, los últimos debates historiográficos, museología, conservación, restauración, literatura y revistas. En sus 500 volúmenes abarca temas diversos de historia eclesiástica, historia de las Guerras de la Independencia, historia de las Guerras civiles, arte, industria azucarera, economía, relatos de viajeros, crónicas de los Jesuitas y periódicos de Tucumán.

Las crónicas de la época cuentan que también, la gente del lugar, el pueblo, se iba acercando a la casa, ubicada en zona central, con  manifestaciones populares, tal vez coreando, con fervor revolucionario:  ¡Viva la Patria! ¡Viva, en Tucumán!

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Y en eco, me resuena aquella primera pregunta del alumno:

-Seño, ¿Qué es la Independencia?

Hemos recorrido la Casa Histórica. En la plaza, ya han comenzado los festejos patrios.

Con una empanada tucumana en mano, de buen repulgue y sabor -tal vez- una fiesta popular es la imagen más buscada que se asemeje a la independencia de un pueblo y su libertad.

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