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Red de la Crónica de Viajes

Autor: Fernando Vaschetti «El Petitero»

Con «EL Petitero» volvía de Tanti. Los lugareños le llamaban «El Petitero» en ingrata comparación con los Bedford de la zona. Estaba pintado lógicamente con fondo cremita y cortes en naranja.
Llegaba a Tanti por la mañana, tipo 10 hs, dejando ver que nos tocaría en suerte a la tarde ya que era el mismo que salía de regreso a Once, así es como rezaba su bandera.


Yo pasaba con la bici por el galpón donde lo guardaban, ya a la distancia se percibía el inequívoco olor a aceite quemado de su escenografía. El predio estaba al lado del sodero, Don Girado, y me metía para hablar con el mecánico encargado del taller que era tuerto y de jopo entrecano que dejaba flamear cuando manejaba una chata Ford 56 tipo ambulancia pero con ventanillas y pintada de igual manera que el ómnibus, llevando a modo de trasbordo a los pasajeros que tenían como destino Mina Clavero, ya que El Petitero, no podía o no justificaba ir por las montañas altas hasta allá con el sobrante del pasaje.
Los choferes paraban en una hostería vecina a la casa de mi abuelo, seguramente comerían comida casera y se dormirían una siesta que se la pedirían prestada a “la muerte” luego de disfrutar de los arroyitos serranos hasta tomar servicio nuevamente. En las sogas de los fondos se dejaban ver las camisas de los tipos oreándose al sol… De hojotas, estos ya perdían la mística idolatrada de ser chofer de larga distancia convirtiéndose para mí en simples veraneantes mortales.
Por la tarde, ya lavado y reluciente, parado en la puerta de la hostería se lucía el Aclo o en su defecto un Leyland esperando acercarse hasta la plaza principal para emprender la vuelta.
Paraba en el “Bar de Miriam” y desde temprano ya estábamos ahí esperando la partida. Jugábamos con mi hermana en la plaza bajo la promesa de no ensuciarnos, y mis abuelos tomaban un copetín con la promoción de los «101 platitos» de ingredientes galletitas de orégano y lupines incluidos.
Quien oficiaba de Mozo de Cordel era «el tuerto», pero ya vestido de camisa Coppa y Chego limpia, que guardaba en bodegas las valijas del retorno.
Ya en ruta, sabor a vuelta, escuela de Marzo y el adiós a la libertad que me daba no estar en pleno centro rosarino. ¿Cuántos recuerdos en una foto, no?

¡Gracias Fernando Vaschetti!

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