Turismo literario.

Visitar la residencia de un escritor es buscar sus huellas entre los rincones de todos sus espacios pero además es indagar los vestigios de una época. La Finca La Vigía en La Habana, Cuba, es un atractivo turístico y literario al mismo tiempo. Se trata de uno de los lugares preferidos donde eligió vivir durante veinte años uno de los escritores más emblemáticos de entreguerras mundiales. Ernest Hemingway, reportero, corresponsal, escritor, Premio Nobel de Literatura 1954.
Salimos del centro viejo de La Habana rumbo al Distrito San Francisco de Paula. Tras 24 km de marcha nos adentramos en una zona tranquila y mucho verde, con naturaleza tropical, de tipo residencial, en las afueras de la capital. El trayecto en taxi hasta aquí -no obstante- ha cruzado por una avenida de tránsito movido, barrios populares en el medio, con mujeres y hombres alineados en largas filas para el abastecimiento. De fondo, muchas fachadas en tonos grises.
Lo cierto es que al llegar a destino, el ingreso es lo que considero -a primera vista- un paraíso literario. Nos adelantan que sólo se puede recorrer el exterior y que el interior se mira desde las ventanas, lo que parece lógico ya que la residencia del escritor se mantiene intacta desde su ausencia. Allí se atesoran sus pertenencias, recuerdos, objetos que representan todo un estilo y una vida plasmada en sus obras.

Nos recibe una colina con vistas panorámicas.
Desde este sitio, durante el siglo XIX, el ejército español había establecido un punto de vigilancia de la isla, de allí el nombre original de la morada.


La casa fue construida en 1886 y comprada por Hemingway tras haber sido testigo y parte de la Guerra Civil Española, en calidad de corresponsal del North American Newspaper Alliance. Sus despachos, guiones y notas pronto lo ubicarían como un mito y un valiente, un soldado más para la causa republicana. Como reportero y corresponsal de guerra dio vida a la afamada novela Por quién doblan las campanas, publicada en 1940, mundialmente reproducida por la industria cinematográfica atrapando espectadores de todas las latitudes.



Rodeamos con nuestra visita toda la propiedad, vamos conversando de modo entrañable con los cuidadores distribuidos por áreas, ya que el lugar engloba además de la residencia, una torre de tres pisos y el bungalow. Me sumerjo en su mundo interior haciendo zoom, captando los detalles de cada objeto que narran una aventura, una etapa de su biografía, los signos de un tiempo histórico. Se conservan más de 10000 documentos, 4500 fotos, 9000 libros, 20000 objetos a cargo de un centro de restauración y de mantenimiento.

Una amable conocedora del lugar nos relata el episodio de la compra de esta vivienda colonial, de techos altos, suelo de baldosa y paredes que exponen la personalidad de su dueño, autor de 7 bestsellers.
-Junto a su tercer esposa, Martha Gellhorn ( la famosa corresponsal de guerra…), se cansaron de esa vida itinerante de hospedarse en un hotel de la ciudad así que respondieron a un anuncio clasificado de venta de propiedades que decía «propiedad en ruinas». ¡Ellos ni lo dudaron, compraron y se mudaron a esta casa! Aunque -agrega más detalles de la vida amorosa- un día se terminó ese amor. Durante la Segunda Guerra Mundial Ernest conoció en Londres a la corresponsal de la Revista Mary Welsh, con quién se casaría y viviría aquí durante varios años hasta mudarse a Idaho en 1959…



En cada sala, los objetos e instrumentos de los deportes favoritos del novelista célebre están inmortalizados, en su propio lugar, detenidos en el tiempo, ( cuando cazar de manera furtiva era considerado un deporte ), en las décadas entre grandes los conflictos bélicos que perturbaron a la humanidad. Aquí trabajó y vivió desde 1939 hasta 1960, custodiado por una biblioteca con obras completas de clásicos de la literatura universal. Manuscritos, revistas, discos, botellas y fotos ¡increíbles!. También lo acompañaban sus trofeos de caza y pesca, una cabeza de búfalo negro, un lagarto embalsamado…



Ernest Hemingway compartía muchos de estos pasatiempos con amigos y famosos que lo visitaban con mucha frecuencia. Katharine Hepburn, Ava Gardner, Error Flyn, Spencer Tracy…Nos imaginamos sus encuentros aquí, dignos de una gran pantalla de Hollywood, con la nostalgia del cine con brillo y las máquinas de escribir a todo vapor. Este ambiente le imprimen a este paraíso el aura de los grandes premios, hitos del cine de la época de oro, estrellas afamadas y héroes galanes, aventureros temerarios y románticos a idolatrar.



El entorno es envolvente. Nos vamos para la piscina y al seguir bajando en el terreno rodeado de palmas, la admiración es mayúscula: encontrar el legendario Yate Pilar es como darse un baño turquesa y surfear entre las olas de un cálido Caribe. Su yate a motor es un emblema, una lancha sólida lista para las tempestades, con un indestructible timón de madera. Había quedado al cuidado de su amigo, el pescador y capitán de su bote, Gregorio Fuentes. Era el narrador viviente de su tiempo con Ernest hasta el 2002, fecha en la que murió a la edad de 104 años. En él se inspiró el exitoso libro El viejo y el mar.


Amaba a sus mascotas, perros y especialmente gatos, de quienes se conservan sus tumbas cerca de la embarcación.
El predio es enorme. Caminar por aquí -entre tanto silencio- da la sensación de ir acompañados por una presencia invisible, porque todo comunica, todo relata el acontecer de un siglo de cambios profundos, un estilo simple aunque con excesos de datos a descubrir en contexto, siendo fiel a un modo de vida repleto de aventuras.
Su estilo periodístico lo llevó a convertirse en uno de los grandes escritores y comunicadores del siglo XX, por su narrativa simple pero de tinte fuerte, que expone los hechos con alma de pasión y lucha, cazando bestias, venciendo a los leones. Era sobrio en la narración y postuló la Teoría del Iceberg ( teoría de la omisión, la técnica que se enfoca en los elementos superficiales sin discutir explícitamente los temas que subyacen en la profundidad de los escritos. )

Perteneció a la “generación perdida” de la década del 20, caracterizada por el espíritu desorientado, errante, sin dirección, típico de muchos de los escritores sobrevivientes de la posguerra.


Sin lugar a dudas, la finca es un lugar acogedor, de rincones bien personales pero con espacios abiertos entremezclados con la naturaleza, en una extensión de entre 4 y 6 hectáreas, una vegetación tropical abundante de plantas donde se incluyen árboles de mango, pinos, palmeras y otros.

Ernest Hemingway publicó novelas, cuentos, ensayos considerados clásicos, cuyos personajes encarnan el amor, la guerra, la muerte…Fiesta -Adios a las Armas –París era una Fiesta – Las verdes colinas de Africa – Cuentos: Los asesinos, Las nieves del Kilimanjaro o Padres e hijos…

En Cuba, mantuvo una relación de amistad con el gobierno de Fidel Castro, al punto que en la actualidad su legado es objeto de coloquios internacionales en La Habana, espacios en los que se diserta sobre su vida, sus vínculos con la isla, su amistad con el líder de la Revolución Cubana, en un marco de personajes históricos difícil de dimensionar.
Luego de su muerte en 1961, esta edificación se convirtió en un museo que resguarda la esencia del escritor. En cada rincón resuenan sus teclas. Las crónicas aseguran que a este gallardo escritor norteamericano, Cuba le parecía un lugar ideal para vivir, por el clima, su gente y pasatiempos. Era su guarida para los días de angustia y sus noches de bares, amores, daiquiris y mojitos que envalentonaban la escritura. Su imagen abunda en todo el territorio cubano. Tanta presencia lo vuelve eternamente visible, batallando entre las palabras y las olas, cruzando los mares, muriendo con el estigma familiar, disparando clásicos hasta la eternidad.
Ernest Hemingway marcó un antes y un después en la historia de las corresponsalías de guerras. Prefería escribir de pie, con la máquina a la altura del pecho sobre una mesa. Omitía los hechos principales en sus escritos, redondeaba. Era metódico y cumplía con estas rutinas como un acto privado, en esta casa donde se concentraba encerrado en su contradictoria soledad. Su protagonismo de entonces hoy no ha perdido vigencia, todo lo contrario. Su figura de intelectual robusto y arriesgado está siendo revivida gracias a los nuevos recursos narrativos de la Inteligencia Artificial, con otras narrativas pero el espíritu intacto de la garra desde la trinchera, letras resonando a borbotones con su máquina Royal Arrow.
“All you do is to sit down at a typewriter and bleed”
( Todo lo que haces es sentarte frente a la máquina de escribir y sangrar” )

Antes de la despedida, no puedo no preguntarle:
-¿Por quién doblan las campanas?
– “Doblan por ti”
Y en el camino resoplan los ecos del poeta inglés John Donn ( 1572-1631).
“Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la masa. Si el mar se lleva un terrón, toda Europa queda disminuida, tanto como si fuera un premonitorio, o la casa señorial de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.”
En John Donne, Devotions Upon Emergent Occasions, Meditación XVII

Texto y Fotos: Ana Claudia Simes
Enlaces relacionados:
La Habana: https://laestadia.com/2024/02/04/la-habana/
















