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Estancia «La Candelaria».

Simple, lejana, dotada de memoria. Monumento Histórico Nacional y Patrimonio de la Humanidad.

Una vez más salimos a recorrer los caminos serranos. Buscamos en esta ocasión entrar en contacto directo con la naturaleza, el paisaje y la historia. El rumbo es hacia el la Estancia “La Candelaria”, localizada al norte de las Sierras Grandes, a 1200 ms.n.m, en el Departamento Cruz del Eje. En 1941, la Estancia fue declarada Monumento Histórico Nacional y el gobierno provincial la adquirió en 1982. Reconociendo sus valores patrimoniales e históricos, La UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad en el año 2000.

La estancia fue denominada «La Candelaria» en homenaje a la Virgen de las Candelas, cuya fiesta se conmemora el 2 de febrero de cada año. Es circuito de turismo rural y cultural en plena Sierras de Córdoba.

Partiendo desde Córdoba Capital, está ubicada a 120 km hacia el noroeste. Tomamos la Ruta Nº 28, desde Tanti. Se recorren 73 km. de montaña, pasando por la base del segundo cerro más alto de Córdoba, “Los Gigantes” y también por el “Rio Yuspe”, lugares de un atractivo natural cautivantes. Otra opción desde la capital es llegar por Ruta Nº 38 hasta el cruce de la Autovía Punilla con Molinari e ingresar por ese sendero de ripio o seguir por esa misma Nº 38 hacia Villa de Soto, tomar Ruta Nº 15 hasta La Higuera y desde allí 32 km mas de ripio. Siempre se recomienda hacer contacto con Turismo de Córdoba para asegurar horarios y visitas guiadas.
Por la Ruta 28 atravesamos el circuito geológico – minero, turismo de montaña por excelencia en Córdoba: cuarzo, feldespato, mica y berilo son parte de las canteras en el camino. Algunos desvíos en el primer tramo conducen a reservas naturales óptimas para turismo ecológico, combinando aventura, pesca deportiva y caminatas de interpretación, avistaje de flora y fauna. Al pasar frente a la base de «Los Gigantes», quedamos impactados por ese gran bloque de granito, el segundo cerro más alto de Córdoba (2374 ms. n. m.), formado en la era Paleozóica hace 368 millones de años, morada de cóndores y centro de práctica de escalada, trekking, naciente de vertientes y ríos –el «Yuspe»— que
conforman la Reserva Hídrica Provincial, lugares de un atractivo natural desafiante para explorar. Los carteles indican el desvío a la estancia aunque la ruta principal continúa hacia los
cerros volcánicos Ciénaga, Poca y Véliz de una antigüedad de 7 millones de años y que conducen a los emblemáticos Túneles construidos en 1947 ( declarados una de las Siete Maravillas construidas por el hombre en la Provincia).

La Estancia “La Candelaria” forma parte del sistema de Estancias Jesuíticas, ( seis ) establecimientos rurales productivos situados en el interior de la Provincia, las cuales aseguraban el sustento económico de la obra material y espiritual de la acción de la Orden de los Jesuitas en Córdoba. Entre los años 1599 ( fecha de la llegada de los Jesuitas a Córdoba ) y 1767, ( cuando se produce su expulsión por Real Cédula de Carlos III de España ), la Companía de Jesús estableció un sistema espiritual-cultural, productivo y espacial único en América Latina, dejando huellas imborrables. Dicho sistema, centrado en la ciudad de Córdoba se organizó alrededor de la construcción del hoy denominado complejo de la «Manzana Jesuítica», conformado por el «Templo» y la «Capilla Doméstica» (1644), el «Convento» (1710), el «ColegioMáximo» (1610), la «Universidad» (1622), la «Biblioteca Mayor» y el «Colegio Monserrat» (1687). Para asegurar el sustento económico de semejante proyecto, se consolidó un sistema de estancias, establecimientos rurales productivos ubi-
cados en el interior de la provincia: «Caroya» (1616), «Jesús María» (1618), «Santa Catalina» (1622), «Alta Gracia» (1643), «La Candelaria» (1678) y otras posesiones más que perdieron importancia estratégica con el correr de los años

Llegamos al terreno donde se asienta la estancia en plena Sierras Grandes, el cual fue un feudo del noroeste cordobés poblado por García de Vera, siendo el núcleo originario de la gran explotación que luego habrían de organizar los Padres de la Compañía de Jesús que se conoce como Estancia y Potreros de «La Candelaria». Por vía de este sistema el capitán García de Vera Mujica obtenía en 1619 del Gobernador Quiñones Osorio una merced de tierras junto al Rio Guamanes y hacia la cordillera —Achala— donde pobló la estancia, ubicada a 14 leguas de la ciudad de Córdoba, en el camino denominado de Salsacate, que luego acrecentaría con más tierras. El heredero de la estancia de la Sierra Grande, don Francisco de Vera y Mujica, en 1683 donó a favor del Noviciado de la Compañía de Jesús gran parte de las tierras (55000 hectáreas).

En medio del silencio serrano, una lugareña bien apegada al terruño nos da una muy cálida bienvenida. Al vernos ingresar, nos invita a recorrer el lugar.
Así comienza la guía en la antesala de «La Candelaria»:
—En la estancia se criaban e invernaban ovejas, vacas, asnos para la obtención de mulas, fuente de mayor riqueza, las cuales eran provistas desde la estancia de «Alta Gracia», prontas a ser
despachadas al Alto Perú, bueyes mansos y caballos.

El entorno natural está casi inalterado. Sólo su voz y la nuestra retumban en el relato del pasado, cada palabra produciendo una imagen y recreando el movimiento del obraje, hasta parece oírse un Ave María rezado en voz baja en aquella sencilla capilla y el quejido de un esclavo, tal vez como reclamando una soñada libertad.

Su arquitectura conservada es como si se tratara de un fortín, por su patio central rectangular. Caminamos por las ruinas de las rancherías, esas que fueran las habitaciones de los esclavos, por la residencia del padre estanciero, el obraje, los corrales, los vestigios del sistema hidráulico, con un tajamar, acequias y el molino que servían para el riego de los frutales y las hortalizas. También visitamos la Capilla con una imagen tallada en madera de la Virgen de las Candelas que se vuelve protagonista en cada peregrinación que convoca a los lugareños con un gran desfile gaucho.

En 1767 llegó a «La Candelaria» la orden de expulsión de la Compañía. Los esclavos de los diferentes puestos ( Jacinto, el negro Bartolomé, José, Vicente, Ramón, Juan, Gerónimo…tal como figuran en los archivos ) comenzaron con el inventario, el cual dio como resultado 90 varones, 94 mujeres, cuya tasación oscilaba entre 50 y 200 pesos. Todos eran africanos comprados en el puerto de Buenos Aires y trasladados en carretas a Córdoba. En «La Candelaria» quedaron sólo 39 esclavos con sus mujeres e hijos, el resto había sido trasladado a Córdoba para su venta y otros habían huido. Así fue desapareciendo la población africana esclava de la estancia, un lugar que fue testigo clave del posterior mestizaje que deambuló por nuestras sierras.

La edificación era de piedra y barro enlucido con cal, también se usó ladrillo cocido alli mismo.

En el primer inventario se encuentra una descripción que registra un refectorio de los Padres, un sótano que habría servido de cárcel para los esclavos.

De los obrajes se obtenían telas de algodón y lana, muebles, vigas de la construcción, madera labrada para puertas, objetos de herrería.En la estancia había intenso tráfico de vacunos y mulares, con envios a las otras estancias y a la Rioja. Los telares de algarrobo, el molino, los hornos de cocer pan y ladrillos, los corrales de piedra o pircas para la hacienda. Su arquitectura es más sencilla que la de otras estancias, los adornos son simples.

                                            Foto interior:www.cba.gov.ar

Según los inventarios, la iglesia contaba con los elementos y libros de culto, de plata, las vestiduras de brocatos con flores de oro y seda, galones de plata y de oro fino, un arpa, una guitarra y un violín, la imagen de la Virgen Nuestra Señora de La Candelaria con su niño en brazos entre otras imágenes, un crucifijo, candeleros…Hay un confesionario metido en la pared debajo del púlpito, una pila de agua bendita, dos sacristías en su interior.

En el camino de la historia
Al preguntarnos por los caminos que llevaban a la Sierra Grande, Gustavo Sarria en su libro “La Candelaria. Una explotación jesuítica del siglo XVII”, hace referencia a los expedientes examinados en el Archivo Histórico de Córdoba donde se menciona la pregunta del procurador de la Companía y representante del Colegio Máximo sobre si sabían “… qué camino va desde la estancia de San Antonio para el puesto del Potrero sea o haya sido camino real para ir desde Córdoba a Salsacate y si lo es , o ha sido, por qué cuesta iba dicho camino desde esta ciudad para pasar por la dicha estancia ( San Antonio ). El único testigo a quien se le recibió declaración en Córdoba el 26 de abril de 1755 fue Ignacio Quiñones, de ochenta años quien dijo: que nunca ha oido decir que el camino que cita la pregunta fuese Camino Real para Salsacate”. Por lo que el autor afirma que el único Camino Real …»en 1755 era el que por San Roque y Tanti subía a la Sierra.”

No queda dudas, «La Candelaria» forma parte del patrimonio cultural de Córdoba, emplazada en la soledad y lejanía de las sierras, pero rodeada del encanto y la frescura de los ríos cercanos, su cielo límpido y un silencio atrapado en la memoria de los caminos de la historia.

Pasillos, escaleras, rincones, laberintos secretos patrimonio de todas las estancias, cuyas piedras tenen la virtud de la memoria pero también la acechanza del olvido. Será por eso que cada una de sus paredes —precavidas— alertan sobre el poder del olvido, que se me ocurre puede tomar tantas y diversas formas: la omisión, la negligencia, el descuido, el abandono, la negación, la distracción, el entierro, la postergación o la misma inadvertencia…Me llevé en mi libreta las palabras de sus muros, para no sólo no olvidar sino para explícitamente recordar los peligros de la amnesia histórica que deambula a las corridas en la cotidianeidad colectiva. Esa es la mayor sensación que sentimos tras las visitas por estos sitios estratégicos en el devenir de nuestras comunidades: la historia nos envuelve sin ni siquiera percibirla, nos arma o nos desarma, nos incluye o excluye, nos recuerda o abandona, nos hace a su antojo. A la historia la escriben algunos, sin preguntarnos nada, nos ubica
en los mapas, nos lleva de viaje, nos embarca en la vida y se encarga del timón a sabiendas de que será sólo el tiempo el encargado de juzgarla.

«…Del olvido no te olvides. No importa de qué. Lo que
importa es no olvidar. No olvidarse. De la forma de
olvidar no te olvides. Del propio olvido no te olvides. Del
poder del olvido no te olvides…»
Maizal del Gregoriano. Arnaldo Calveyra…

Texto y fotos: Ana Claudia Simes                                                                

                                                           
http://www.cba.gov.ar/http://www.cultura.gov.ar Te: 0351-4333425

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