Lo que narramos hoy puede convertirse en nuestro futuro. Así de poderosas son nuestras palabras y pensamientos.
La realidad es una narrativa repetida, aprendida con juicios e interpretaciones, con estados de ánimo que condicionan la razón.
El pasado se puede cronicar en modo histórico para conservar la memoria.
El presente se debe cronicar para tener consciencia del momento que toca vivir y del que somos protagonistas, a riesgo de que el tiempo lo archive para siempre.
Y el futuro, ¿Se puede cronicar o ya está escrito?
Creo que en la vida nada está escrito de antemano.
El futuro no sólo que se puede sino que se debe cronicar.
No hablo de planificarlo. Se trata de crearlo: describirlo, visualizarlo. Y la escritura tiene ese bendito don, nos proyecta al futuro.
Narrar el futuro es revelar un nuevo mapa de lo posible, es como un viaje soñado y por eso pienso en la escritura como un mecanismo para expandir los límites. Transformar las fronteras.
Para el 2026 les propongo que cada uno narre su futuro y sus viajes, sus escapadas, sus experiencias, sus destinos, para crearlos con una nueva mirada que signifique un espacio de reinvención que potencie el horizonte y también la estadía en este presente.
Ana Claudia
Turismo & Cultura. Crónicas

















